TE QUEDARÁS

Te quedarás.

Te quedarás sollozando

como sollozan los ríos

cuando desbordan su canto de nacimiento en las cumbres,

como sollozan los sauces

cuando se inclinan al agua

para besar en solemne y perpetuo cortejo

el cristal de su alma.

 

Te quedarás en mi piel y en mis lágrimas.

Te quedarás en latido y en beso.

Te quedarás adherido al doliente destello

con que el crepúsculo lanza

su amargo grito de adiós engarzado en la llama.

Te quedarás,

palpitante de amor,

sobre las muertas violetas,

entre las horas perdidas,

bajo las nubes repletas;

deshilachado por siempre en belleza y enigma,

como un radiante despertar de invierno

o de primavera.

Te quedarás.

Como se queda entorno el aire abrasado por la hoguera.

 

Te quedarás dormido,

como un recuerdo triste que navega solo,

y arrastrarás contigo tus palabras frescas,

tus recuerdos dulces,

tu voz reinando sobre enmarañadas brumas

que aún murmuran por ti.

 

Te anunciarás reapareciendo en los objetos

que dejaste

y a los que arrancaste el alma,

en aquellos que olvidaste en un cajón,

bajo los tristes universos diminutos

que aún palpitan, acariciados por ti.

 

Te quedarás

desde el gemido gris de tu ropa desierta,

desde tu pelo de algodón clavado en la perpetua manta,

desde aquella última lágrima,

silenciosa y furtiva,

que corrió a refugiarse, caliente, en tu almohada,

desde el rincón al que dejaste mudo,

desde el espejo que asomado a tu tristeza

penetró tu alma.

 

Te quedarás colgado de tu propia esencia.

Tu dulce sombra volátil tornando desde el absoluto.

La noche anunciará desde la luna

tus cabellos blancos

y el eco cantarino de un arroyo oculto

evocará tu risa.

Y tu recuerdo quedará suspendido

por siempre en mi pecho,

como un dardo impregnado de silencio

temblando entre la nada y las estrellas.

 

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